
Han pasado diez días desde que despediste a tu compañero de vida.
Los primeros días apenas podías creer que hubiera muerto. Después apareció una rabia inmensa: con el veterinario, con la enfermedad, contigo mismo por no haber hecho más. Al día siguiente sentiste culpa por haberte enojado. Luego llegó una profunda tristeza. Y, por un momento, mientras organizabas algunas fotos, incluso sonreíste al recordar una travesura suya.
Entonces apareció una nueva preocupación: “¿Estoy haciendo el duelo en el orden correcto?
Si eso te ha ocurrido, quiero contarte algo que suele sorprender a muchas personas: Elisabeth Kübler-Ross nunca dijo que todas las personas debieran pasar por cinco etapas, en ese orden, para elaborar un duelo.
¿Quién fue Elisabeth Kübler-Ross y por qué su trabajo fue tan importante?
Antes de hablar de las cinco etapas, vale la pena conocer a la mujer detrás de esta teoría.
Elisabeth Kübler-Ross fue una psiquiatra suizo-estadounidense que revolucionó la forma en que el mundo hablaba sobre la muerte. En una época en la que las personas con enfermedades terminales solían ser aisladas y poco escuchadas, ella decidió sentarse a conversar con ellas y comprender cómo vivían la cercanía de su propia muerte.
Fruto de ese trabajo publicó, en 1969, el libro On Death and Dying (Sobre la muerte y los moribundos), donde describió cinco reacciones emocionales frecuentes observadas en pacientes con enfermedades terminales.
Con el tiempo, estas ideas comenzaron a utilizarse también para comprender el duelo tras la muerte de un ser querido, incluida la pérdida de un animal de compañía.
Y ahí nació uno de los mayores malentendidos.
📌 Lo que muchas personas no saben:
Las cinco etapas fueron descritas originalmente para comprender la experiencia de personas que enfrentaban su propia muerte, no como una receta universal para todas las personas en duelo.
Con los años, la propia Kübler-Ross aclaró que estas experiencias no debían entenderse como una secuencia rígida ni obligatoria.
Las cinco etapas del duelo explicadas desde la pérdida de un animal de compañía.
Negación
La negación suele aparecer como una forma de amortiguar el impacto de la noticia.
No significa que la persona “no quiera aceptar la realidad”, sino que el cerebro necesita tiempo para procesar una pérdida tan significativa.
Puede manifestarse en pensamientos como:
“Siento que todavía va a entrar por la puerta.”
“A veces escucho sus pasos.”
“Todavía miro automáticamente su cama.”
En los primeros días, estas experiencias son frecuentes y no indican que estés perdiendo el contacto con la realidad.
Son parte del enorme proceso de adaptación que implica aceptar una ausencia.
Ira
La rabia puede dirigirse hacia muchas personas o situaciones.
Al veterinario.
A la enfermedad.
Al conductor que causó un accidente.
A un familiar.
A Dios.
Incluso hacia el propio animal por haberse ido.
O hacia uno mismo.
La ira suele esconder una pregunta mucho más dolorosa:
“¿Por qué tuvo que pasar esto?”
Recuerda
La rabia no significa que amaras menos a tu compañero.
Muchas veces aparece precisamente porque el amor era muy profundo y la pérdida resulta difícil de comprender.
Negociación
En esta etapa aparecen los “¿y si…?”
¿Y si hubiera consultado otro veterinario?
¿Y si hubiera aceptado la cirugía?
¿Y si hubiera tomado la decisión antes?
¿Y si no hubiera autorizado la eutanasia?
La mente intenta construir escenarios alternativos porque busca recuperar una sensación de control frente a algo que ya no puede cambiar.
Tristeza
Quizá sea la emoción que más personas asocian con el duelo.
Puede sentirse como:
vacío
cansancio
dificultad para concentrarse
llanto frecuente
falta de motivación
sensación de que nada volverá a ser igual
No significa necesariamente padecer un trastorno depresivo. En el contexto del duelo, la tristeza profunda suele ser una respuesta esperable a la pérdida.
Aceptación
Probablemente esta sea la etapa más malinterpretada.
Aceptar no significa:
❌ dejar de extrañar
❌ dejar de llorar
❌ olvidar
❌ reemplazar a tu mascota
Aceptar significa comenzar a reconocer que la pérdida forma parte de tu historia y que, aunque el dolor siga presente, poco a poco puedes encontrar maneras de continuar viviendo sin renunciar al amor que compartieron.
Entonces… ¿tengo que pasar por estas cinco etapas?
La respuesta es no, puede que nunca sientas rabia.
Puede que la tristeza aparezca desde el primer día.
Puede que experimentes varias emociones al mismo tiempo.
Puede que meses después vuelva una emoción que creías superada.
Todo esto puede formar parte de un duelo saludable.
Lo que sabemos hoy
La investigación actual no respalda la idea de que todas las personas atraviesen cinco etapas en el mismo orden. Las emociones del duelo son mucho más variables y están influenciadas por el vínculo con el animal, las circunstancias de la pérdida, la historia personal y el contexto social.
Hoy entendemos las etapas de Kübler-Ross como una forma de nombrar experiencias frecuentes, no como un mapa obligatorio que determine si un duelo va “bien” o “mal”.
Entonces… ¿cómo puedo usar este modelo sin sentirme atrapado por él?
Las etapas pueden servirte para ponerle nombre a algunas emociones, pero no para evaluar si estás avanzando correctamente.
En lugar de preguntarte: “¿En qué etapa estoy?”
Podría ayudarte más preguntarte: ¿Qué emoción está más presente hoy?, ¿Qué necesita esa emoción?, ¿Cómo puedo responderme con más compasión?
La mirada de Natalia Jaller
En consulta rara vez escucho a alguien decir: “Estoy en la etapa de la negociación.” Lo que escucho son frases como: “No dejo de pensar que, si hubiera hecho algo diferente, él seguiría aquí.” Ahí no veo una persona “atrapada en una etapa”; veo a alguien intentando comprender una pérdida inmensa.
Por eso utilizo el modelo de Kübler-Ross como un lenguaje para entender algunas experiencias, nunca como una lista que haya que completar. Mi objetivo no es que mis pacientes lleguen a la “aceptación” lo más rápido posible, sino que aprendan a relacionarse con cada emoción desde la compasión, sin sentirse juzgados por la forma en que viven su duelo.
Ejercicio práctico
Durante esta semana, cada vez que notes una emoción intensa, en lugar de preguntarte “¿En qué etapa estoy?”, intenta completar estas tres frases:
Hoy noto que aparece…
Tiene sentido que aparezca porque…
Hoy puedo cuidarme haciendo…
Este pequeño cambio desplaza el foco desde “hacer bien el duelo” hacia “acompañarme mientras vivo el duelo”.
Las cinco etapas propuestas por Elisabeth Kübler-Ross marcaron un antes y un después en la manera de hablar sobre la muerte y el duelo. Nos ofrecieron un lenguaje para reconocer emociones que muchas personas experimentan tras una pérdida significativa.
Sin embargo, hoy sabemos que el duelo es mucho más flexible y diverso de lo que cualquier modelo puede describir. No necesitas pasar por todas las etapas, ni hacerlo en un orden específico, para que tu proceso sea válido.
Más que intentar encajar en una teoría, permítete escuchar tu propia experiencia. El duelo por un animal de compañía es profundamente personal porque también lo fue el vínculo que construyeron.
Y si alguna vez sientes que tu dolor no tiene un lugar donde ser comprendido, recuerda que no tienes que recorrer este camino en soledad.



