
Esta mañana lograste salir a trabajar sin llorar.
Incluso sonreíste cuando un compañero hizo un comentario gracioso.
Por un momento pensaste: “Creo que estoy empezando a sentirme un poco mejor.”
Pero al llegar a casa viste la correa de tu perro colgada detrás de la puerta. Y todo volvió.
Las lágrimas, El vacío, La sensación de que el tiempo no ha avanzado.
Entonces apareció una idea muy común entre las personas que acompañó en consulta: “Volví al inicio.”
Y quiero decirte algo que puede darte un poco de tranquilidad.
Probablemente no volviste al inicio.
Lo que estás viviendo tiene una explicación muy bien documentada por la psicología.
Se conoce como el Modelo del Proceso Dual del duelo.Y comprenderlo suele aliviar una de las mayores angustias de quienes han perdido a su compañero de vida.
¿Por qué esperamos que el duelo avance en línea recta?
Desde pequeños aprendemos que avanzar significa ir siempre hacia adelante.
Aprendemos a caminar.
Aprendemos a leer.
Aprendemos un idioma.
Cada día parece construir sobre el anterior.
Por eso muchas personas esperan que el duelo funcione igual.
Piensan que cada semana debería doler un poco menos.
Que cada mes deberían llorar menos.
Que algún día dejarán de sentir tristeza.
Pero el duelo no es una habilidad que se aprende.
Es un proceso de adaptación a una pérdida profundamente significativa.
Y la adaptación rara vez ocurre en línea recta.
TLo que debes recordar
No porque hoy hayas vuelto a llorar significa que ayer no avanzaste.
Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo.
¿Qué es el Modelo del Proceso Dual?
En 1999, las investigadoras Margaret Stroebe y Henk Schut propusieron un modelo que cambió la manera de comprender el duelo. Observaron que las personas no permanecían todo el tiempo centradas en el dolor, tampoco podían vivir como si nada hubiera ocurrido.
En realidad, iban alternando entre dos formas de afrontar la pérdida. Y ambas eran necesarias.
El primer movimiento: orientarse hacia la pérdida
Hay momentos en los que toda tu atención está puesta en la ausencia.
Recuerdas.
Lloras.
Extrañas.
Miras fotografías.
Hablas de tu compañero.
Piensas en lo ocurrido.
Sientes la intensidad del vacío.
Este movimiento suele ser doloroso.
Pero también es una forma de reconocer el amor y elaborar la pérdida.
No hay nada de malo en él.
La mirada de Natalia Jaller
Muchas personas llegan a consulta preocupadas porque sienten que “piensan demasiado” en su mascota.
Mi experiencia es otra.
Cuando el dolor encuentra un espacio seguro para expresarse, suele dejar de necesitar aparecer con tanta intensidad en otros momentos.
No necesitamos luchar contra el recuerdo.
Necesitamos aprender a sostenerlo.
El segundo movimiento: orientarse hacia la reconstrucción
Poco a poco también aparecen momentos distintos.
Preparar una comida, reír, trabajar, salir con amigos, organizar la casa, aprender nuevas rutinas, descubrir actividades diferentes, etc.
Algunas personas sienten culpa cuando esto ocurre.
Como si disfrutar un momento significara querer menos a su compañero.
Pero ocurre exactamente lo contrario.
La reconstrucción no reemplaza el amor.
Permite que la vida continúe creciendo alrededor de él.
Disfrutar no es traicionar
Volver a sonreír no disminuye el amor que sentiste.
Solo significa que tu vida empieza, poco a poco, a hacer espacio para algo más además del dolor.
Lo más importante: el duelo necesita ambos movimientos
Aquí está la gran aportación del Modelo del Proceso Dual.
No se trata de elegir entre recordar o seguir adelante.
Necesitamos ambas cosas.
Necesitamos momentos para llorar.
Y momentos para descansar del dolor.
Necesitamos hablar de quien murió.
Y también cocinar, trabajar, caminar, ver una película o compartir con otras personas.
No porque queramos olvidar.
Sino porque nuestro sistema emocional necesita alternar entre el contacto con la pérdida y la recuperación de energía.
Imagina un péndulo
No una escalera.
No una línea recta.
Un péndulo.
Algunos días se mueve hacia el dolor.
Otros hacia la reconstrucción.
Y muchas veces oscila varias veces durante el mismo día.
Ese movimiento no significa inestabilidad.
Significa adaptación.
¿Por qué a veces siento culpa cuando me río?
Esta es una de las preguntas más frecuentes en consulta.
Y suele aparecer precisamente cuando la persona comienza a experimentar momentos de bienestar.
Piensan:
“Si hoy pude disfrutar una salida, ¿será que ya no lo extraño tanto?”
La respuesta es no.
El amor no se mide por la cantidad de sufrimiento.
El amor permanece incluso cuando la tristeza deja de ocupar todo el espacio.
La mirada de Natalia Jaller
Hay una frase que suelo compartir con quienes acompaño:
“El duelo no te pide elegir entre amar a quien murió o seguir viviendo. Te invita a aprender a hacer ambas cosas al mismo tiempo.”
Cuando dejamos de pensar que el bienestar y el amor son incompatibles, aparece una enorme sensación de alivio.
Porque comprendemos que recordar con cariño también es una forma de mantener vivo el vínculo.
Lo que sabemos hoy
El Modelo del Proceso Dual es uno de los enfoques con mayor respaldo en la investigación contemporánea sobre el duelo. Diversos estudios han mostrado que las personas suelen alternar entre actividades orientadas a procesar la pérdida y actividades orientadas a adaptarse a la vida cotidiana.
Esta oscilación no se considera un retroceso, sino una estrategia saludable de adaptación. Permanecer exclusivamente en el dolor puede resultar agotador, mientras que evitarlo de forma constante también dificulta su elaboración.
No buscamos eliminar el sufrimiento, sino desarrollar la flexibilidad para acercarnos a él cuando necesita ser escuchado y, al mismo tiempo, seguir comprometidos con aquellas acciones que dan sentido a nuestra vida.
¿Cómo puede ayudarte este modelo en tu día a día?
Quizá el mayor regalo del Modelo del Proceso Dual sea cambiar la forma en que interpretas tus propios altibajos.
La próxima vez que vuelvas a llorar después de haber tenido un buen día, en lugar de pensar:
“Estoy retrocediendo.”
Puedes decirte:
“Hoy mi duelo necesita acercarse un poco más a la pérdida.”
Y cuando aparezca un momento de calma:
“Hoy mi vida necesita recuperar un poco de energía.”
Ambos movimientos son parte del mismo proceso.
No compiten entre sí.
Se complementan.
Un ejercicio para esta semana
Dibuja un péndulo en una hoja.
En un extremo escribe: Conectando con la pérdida.
En el otro: Reconstruyendo mi vida.
Durante algunos días observa, sin juzgarte, hacia dónde parece moverse tu experiencia.
Tal vez descubras que incluso en los días más difíciles hay pequeños momentos de reconstrucción. Y que, en los días más tranquilos, también aparece el recuerdo de tu compañero.
No intentes detener el péndulo, solo obsérvalo.
Comprender ese movimiento puede ayudarte a vivirlo con menos miedo y más compasión.
Durante mucho tiempo pensamos que el duelo debía avanzar paso a paso, como si existiera una meta llamada “superarlo”. El Modelo del Proceso Dual nos ofrece una mirada mucho más humana.
Nos recuerda que adaptarnos a la muerte de un animal de compañía implica movernos continuamente entre dos necesidades igualmente importantes: permitirnos sentir la pérdida y seguir construyendo una vida con sentido.
Habrá días en los que el dolor ocupe casi todo el espacio. Habrá otros en los que descubras que puedes volver a disfrutar de una conversación, de un paseo o de un recuerdo sin que eso disminuya el amor que sientes.
No estás retrocediendo.
Estás haciendo algo mucho más profundo: estás aprendiendo a vivir con una ausencia sin renunciar al vínculo que dio origen a ese dolor.
La mirada de Natalia Jaller
Si hay una idea que deseo que te lleves de este artículo es esta:
No midas tu duelo por la cantidad de lágrimas que derramas. Mídelo por la capacidad que, poco a poco, vas desarrollando para hacer espacio tanto al dolor como a la vida.
Después de acompañar a muchas personas que han perdido a su animal de compañía, he aprendido que el duelo no consiste en dejar atrás el amor. Consiste en ampliar el corazón para que pueda sostener, al mismo tiempo, la tristeza por la ausencia y la posibilidad de seguir viviendo con sentido.
Y quizá ese sea el verdadero significado de sanar: no dejar de amar, sino aprender a caminar con ese amor de una manera nueva.
Leer: Síntomas físicos del duelo por mascotas: por qué tu cuerpo también sufre la pérdida



