¿Por qué siento que avanzo y luego vuelvo a empezar? Comprendiendo el duelo desde la mirada de Colin Murray Parkes

Persona caminando después de la muerte de su perro durante el proceso de duelo.
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Persona caminando después de la muerte de su perro durante el proceso de duelo.
¿Por qué siento que avanzo y vuelvo a empezar? Comprendiendo el duelo según Parkes

Han pasado tres meses desde que murió tu compañero de vida.

Hace unos días pensaste que estabas empezando a sentirte mejor. Incluso lograste salir con unos amigos y reírte por primera vez en mucho tiempo.

Pero hoy abriste un cajón y encontraste su placa de identificación.

De repente, el pecho volvió a apretarse. Las lágrimas aparecieron sin avisar.

“¿Cómo es posible que vuelva a doler tanto?”

“¿No se suponía que ya estaba mejor?”

Muchas personas creen que el duelo debería sentirse como una línea recta: cada día un poco menos de dolor que el anterior.

Pero el duelo rara vez funciona así.Uno de los psicólogos que mejor describió esta experiencia fue Colin Murray Parkes. Su propuesta nos ayuda a entender que el duelo no consiste en “superar” una pérdida, sino en aprender, poco a poco, a reorganizar la vida cuando alguien profundamente amado ya no está físicamente.

El duelo no cambia porque dejes de amar

Cuando muere un animal de compañía, no desaparece únicamente su presencia.

También desaparecen decenas de pequeñas rutinas que parecían invisibles hasta que dejan de existir.

El sonido de sus pasos.

Preparar su comida.

La caminata de cada tarde.

La emoción con la que te recibía al llegar a casa.

Nuestro cerebro había aprendido durante años que esa presencia hacía parte del mundo.

Por eso, cuando deja de estar, necesita tiempo para reorganizar todo ese mapa interno.

Eso es, precisamente, lo que Parkes llamó adaptación.

No se trata de olvidar.

Se trata de aprender a vivir en una realidad que cambió para siempre.

¿Quién fue Colin Murray Parkes?

Colin Murray Parkes fue un psiquiatra británico que dedicó gran parte de su carrera a estudiar el duelo desde la observación clínica de personas que habían perdido a seres profundamente significativos.

A diferencia de otros modelos que describen emociones concretas, Parkes puso el foco en cómo las personas se adaptan progresivamente a una nueva realidad.

Su propuesta no pretende decirte cómo “deberías” sentirte.

Busca explicar por qué el duelo cambia con el tiempo y por qué esos cambios suelen ser tan confusos.

Las fases del duelo según Parkes

Parkes describió varias fases que muchas personas experimentan, aunque dejó claro que no todas aparecen igual ni siguen un orden rígido.

1. El impacto: cuando todo parece irreal

Los primeros días suelen sentirse extraños.

Muchas personas cuentan que funcionan “en automático”.

Organizan la cremación.

Guardan las pertenencias.

Responden mensajes.

Pero por dentro sienten como si todo estuviera ocurriendo en otra vida.

No es falta de amor.

Es una forma en que nuestro cerebro amortigua el impacto de una noticia tan difícil.

La mirada de Natalia Jaller

En consulta suelo escuchar frases como:

“Sé que murió… pero todavía siento que esto no puede estar pasando.”

Esa sensación no significa que estés negando la realidad.

Significa que una parte de ti necesita tiempo para comprender una pérdida que cambió por completo tu mundo cotidiano.

2. El anhelo: cuando todo recuerda a quien ya no está

Después del impacto inicial suele aparecer una necesidad muy intensa de reencontrarse con quien murió.

Mirar la puerta esperando que aparezca.

Escuchar un sonido y pensar que es él.

Despertar creyendo que sigue acostado junto a la cama.

No son signos de que estés perdiendo el contacto con la realidad.

Son expresiones del vínculo.

El cerebro todavía espera encontrar aquello que durante años formó parte de su vida diaria.

¿Es normal seguir esperando?

Sí, nuestro sistema de apego tarda tiempo en actualizar la realidad.
Por eso muchas personas siguen llamando a su mascota por accidente o miran automáticamente hacia el lugar donde dormía.


3. La desorganización: cuando parece que nada tiene sentido

Poco a poco comienza a hacerse evidente la ausencia.

Y con ella llegan preguntas difíciles.

“¿Qué hago ahora cuando llegue del trabajo?”

“¿Con quién voy a salir a caminar?”

“¿Quién me va a esperar en la puerta?”

No solo duele la muerte.

También duele descubrir cuánto ocupaba ese compañero en la vida cotidiana.

Aquí es frecuente sentir tristeza, cansancio, desmotivación e incluso dificultad para imaginar el futuro.

4. La reorganización: aprender una nueva forma de vivir

Con el tiempo, muchas personas descubren algo importante.

El dolor no desaparece.

Pero deja de ocupar cada minuto del día.

Empiezan a construir nuevas rutinas.

Pueden recordar sin romperse siempre.

Aprenden a hablar de su compañero con una mezcla de nostalgia y gratitud.

Eso no significa que hayan dejado de amar.

Significa que el vínculo encontró un nuevo lugar dentro de su historia.

Lo más valioso que nos enseñó Parkes

Quizá el mayor aporte de Parkes fue mostrarnos que el duelo es un proceso de adaptación.

No consiste en borrar recuerdos.

Ni en dejar atrás el amor.

Consiste en reorganizar poco a poco nuestra vida alrededor de una ausencia que nunca elegimos.

Por eso es normal que algunos días parezca que avanzamos y otros sintamos que todo vuelve a empezar.

La adaptación no ocurre en línea recta.

Lo que sabemos hoy
La investigación actual respalda la idea de que el duelo es un proceso dinámico de adaptación. Las personas pueden experimentar momentos de intenso dolor, seguidos de períodos de mayor estabilidad, sin que eso signifique que el proceso esté avanzando o retrocediendo de forma definitiva.
Hoy entendemos las fases propuestas por Parkes como una descripción útil de experiencias frecuentes, pero no como una secuencia obligatoria por la que todas las personas deban pasar.

¿Cómo puede ayudarte este modelo si has perdido a tu mascota?

Quizá la mayor utilidad de este modelo sea dejar de preguntarte: “¿Por qué sigo así?”

Y empezar a preguntarte: “¿A qué me estoy intentando adaptar?”

Porque cada emoción que aparece suele señalar un aspecto de tu vida que está aprendiendo a reorganizarse.

El silencio de la casa.

Las rutinas.

Las fechas especiales.

Los espacios vacíos.

Todo eso también forma parte del duelo.

La mirada de Natalia Jaller

Hay una frase que escucho con mucha frecuencia en consulta:

“Sentía que ya estaba mejor… hasta que volví a llorar.”

Y cada vez respondo algo parecido:

“No volviste al inicio. Te encontraste con una nueva parte de la ausencia.”

El duelo no es un examen que apruebas una vez y nunca vuelves a presentar. Es un proceso vivo, que cambia a medida que también cambia tu vida. Habrá momentos en los que una fecha, un lugar o un recuerdo despierten nuevamente el dolor. Eso no significa que hayas fracasado ni que estés retrocediendo.

Desde mi experiencia acompañando a personas que han perdido a sus animales de compañía, creo que el mayor regalo del modelo de Parkes es precisamente este: nos recuerda que adaptarnos no es olvidar. Es permitir que el amor encuentre una nueva manera de estar presente mientras aprendemos, poco a poco, a seguir viviendo.

Un ejercicio para esta semana

Piensa en una rutina que compartías con tu compañero de vida y que hoy se siente especialmente difícil.

Escríbela.

Luego pregúntate:

  • ¿Qué hacía tan significativa esa rutina?
  • ¿Qué parte de ese vínculo extraño hoy?
  • ¿Hay alguna forma de honrar ese significado, aunque mi compañero ya no esté físicamente?

No busques reemplazar la rutina. Busca comprender lo que representaba para ti.

Leer Las etapas del duelo por una mascota: lo que Elisabeth Kübler-Ross quiso decir (y lo que muchas personas entendieron mal)

El modelo de Colin Murray Parkes nos recuerda que el duelo no es una serie de emociones que aparecen y desaparecen de forma ordenada. Es un proceso de adaptación profunda a una realidad que cambió para siempre.

Si hoy sientes que algunos días puedes respirar con más calma y otros vuelves a romperte por dentro, no significa que estés haciendo mal tu duelo. Significa que tu mente, tu cuerpo y tu corazón siguen aprendiendo a vivir en un mundo donde la presencia física de tu compañero ya no está.

Y ese aprendizaje, como todo aquello que nace del amor, necesita tiempo, paciencia y mucha compasión hacia ti mismo.

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