Ha pasado un año desde que murió mi mascota y todavía lloro, ¿es normal?.

Black and white closeup part of face of anonymous dreamy enigmatic female with brown eyes and long eyelashes looking away thoughtfully
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Black and white closeup part of face of anonymous dreamy enigmatic female with brown eyes and long eyelashes looking away thoughtfully

Hoy abriste la galería de tu celular.

Sin darte cuenta apareció una fotografía de él.

Sonreíste durante unos segundos.

Y después empezaste a llorar.

Entonces miraste la fecha.

Había pasado exactamente un año desde que murió.

Y apareció una pregunta que muchas personas guardan en silencio: “¿No debería estar mejor?”

Tal vez incluso alguien ya te dijo que ha pasado suficiente tiempo.

“Era solo un perro.”, “Ya deberías haberlo superado.” “Necesitas seguir adelante.”

Pero dentro de ti el dolor sigue apareciendo.

Y eso te hace preguntarte si hay algo malo contigo.

Quiero empezar respondiendo esa pregunta.

No, no hay algo malo contigo. Que todavía sientas tristeza un año después no significa, por sí solo, que tu duelo sea anormal.

El tiempo no es el mejor indicador del duelo

Aquí quiero romper el mayor mito:

Muchas personas creen que: Más tiempo = menos dolor.

Y no siempre ocurre, porque el duelo no es un reloj.

Es un proceso de adaptación.

¿Por qué algunas fechas vuelven a abrir la herida?

Aquí hablaremos de: Los aniversarios, cumpleaños, navidad, vacaciones, el día de la eutanasia, el día del accidente, etc.

Todo eso reactiva el sistema de apego. Y es completamente normal.

Seguir llorando no significa estar estancado.

En ocasiones la gente mide el avance por las lágrimas.

Y eso es un error. Puedes seguir llorando…y haber avanzado muchísimo.

Por ejemplo, hace un año: No podías entrar al cuarto.

Hoy sí.

Hace un año: No podías hablar de él.

Hoy puedes contar historias.

Hace un año: sentías culpa todo el día.

Hoy aparece solo algunas veces.

Eso también es evolución.

La mirada de Natalia Jaller

Hay personas que llegan a consulta diciendo: “Sigo llorando igual.”

Y cuando empezamos a conversar descubrimos que no es igual. Ahora pueden dormir, pueden recordar, pueden trabajar, pueden volver a salir.

Lo que ocurre es que seguimos creyendo que avanzar significa dejar de llorar.

Y no siempre es así.

Entonces… ¿cuándo sí sería importante buscar ayuda?

  • Cuando el sufrimiento sigue ocupando casi toda tu vida.
  • Cuando el dolor no deja espacio para nada más.
  • Cuando la culpa domina cada día.
  • Cuando ya no puedes funcionar.
  • Cuando aparece desesperanza constante

No porque pasó un año. Sino por cómo está afectando tu vida.

¿Y si nunca deja de doler del todo?

Quizá siempre sientas un nudo en la garganta cuando alguien pronuncie su nombre.

Quizá siempre se humedezcan tus ojos cuando recuerdes la primera vez que llegó a tu casa.

Eso no significa que el duelo siga igual.

Significa que el amor sigue vivo, y eso es muy diferente.

No estás intentando dejar de amar. Estás aprendiendo una nueva manera de amar a quien ya no puede estar físicamente contigo.

Cuando entendemos eso, deja de ser tan importante contar los meses.
Y empieza a ser mucho más importante observar cómo estamos construyendo nuestra vida alrededor de ese amor.

Haz dos columnas: Hace un año… / Hoy…

No escribas únicamente lo que todavía duele, escribe también todo aquello que ha cambiado.

Quizá todavía lloras, pero ahora puedes hablar de él.

Quizá todavía aparece la tristeza, pero ya no te acompaña todo el día.

Quizá aún extrañas su presencia, pero también puedes recordar alguna travesura y sonreír.

Reconocer esos pequeños cambios no disminuye el amor que sentías. Lo que hace es ayudarte a ver que el duelo también se transforma, aunque a veces sea difícil notarlo desde dentro.

Si ha pasado un año desde que murió tu mascota y todavía sientes tristeza, eso no significa automáticamente que estés haciendo algo mal. El duelo no tiene un calendario universal, y el amor no desaparece porque cambie la fecha.

La pregunta más útil no es cuántos meses han pasado, sino cómo estás viviendo hoy esa ausencia. ¿El dolor sigue ocupando todo el espacio o ha empezado, poco a poco, a convivir con momentos de calma, de conexión y de sentido?

Y si descubres que el sufrimiento continúa siendo tan intenso que te impide vivir la vida que deseas, pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es una forma de cuidar de ti con la misma dedicación con la que un día cuidaste de tu compañero.

Leer Luto por una mascota: ¿Cuándo consultar a un especialista?

No tienes que vivir este duelo solo o sola

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